Un canal de conexión emocional a pesar de la codicia económica
En el Mundial de Fútbol se produce un fenómeno psicosocial único, al menos en Argentina. Se mueven cargas emocionales intensas en millones de personas atraídas por ese espectáculo deportivo. Es un pertenecer, un dejarse llevar por la ola, un juntarse con un otro a compartir eso común. No se puede explicar intelectualmente con rigor académico. Es simbólico, es metafórico, es cuasi-mítico y ahí lo humano se expresa movilizando sentimientos, fuerzas y aspiraciones de todo tipo.
Es sobre esa atracción de millones de seres humanos que las corporaciones económicas hacen sus negocios, inversiones, obtienen ganancias descomunales. En derechos de transmisión, publicidad, turismo y diversas regalías. Los análisis económicos proyectan que el Mundial de Fútbol 2026 dejará alrededor de US$ 41.000 millones al Producto Bruto Interno (PBI) mundial, consolidándose como uno de los eventos deportivos más rentables de la historia(1). Lamentablemente, una rentabilidad que favorece a muy pocos. A la FIFA, a las marcas multinacionales, a los jugadores estrella (Cristiano Ronaldo superó los U$S 2000 millones en ganancias profesionales y Messi tiene un patrimonio de U$S1300 millones, según Forbes), entre otros.
Pero no es ahí donde quiero apuntar el foco de mi escrito hoy, sino hacia qué de lo humano nuestro se expresa cuando compartimos el Mundial de Fútbol. En Argentina, país caracterizado por una importante tendencia al encuentro, el compartir el asadito, el mate y la juntada, el momento en que juega la Selección Nacional se frena literalmente el país y la reunión entre amigos y familias es el eje.
¿Qué es esa búsqueda humana? ¿Por qué se moviliza de modo tan potente durante el Mundial de Fútbol? ¿Es una posibilidad para hacer frente a carencias internas o de vivir alegrías en medio de un acontecer social y político cada vez más insoportable? ¿Es la búsqueda de la conexión con el otro, del placer, de sentir lindas emociones?
Me pueden decir que no hay que tratar de entenderlo, solo hay que vivirlo. Y es así, hay que vivirlo, dejarse llevar por la experiencia. Aunque intentar comprenderlo me puede ayudar a vivirlo mejor. Quizás colabora a que canalice esa energía movilizada, más allá del Mundial y la proyectemos en nuestras más elevadas aspiraciones humanas: la unión en sentimientos comunes, la alegría compartida, la conexión colectiva, la fuerza que circula cuando disfrutamos de las cosas bellas de la vida, el abrazo a causas dignas.
Las corporaciones económicas siempre quisieron montarse en nuestros sentimientos y los poderosos del mundo monopolizar nuestras emociones y pensamientos para maximizar su imposición violenta hacia el conjunto social, acrecentando las injusticias. Mi anhelo es que algún día por fin esa codicia caiga y no sea más una herramienta de opresión de los pueblos. No se si llegaré a verlo, aunque tengo la certeza de que ocurrirá.
Pero, a pesar de todo, no nos pueden quitar lo mejor de lo humano expresándose. Esa es nuestra carta, la del pueblo: tenemos la posibilidad de vivirlo desde un espacio interno elevado, luminoso, intentando potenciarlo en la empatía hacia los demás. El entusiasmo colectivo es un sentimiento hermoso. Pero también transitar el fracaso junto a quienes queremos, es menos doloroso.
Quizás la función más importante del Mundial está ahí, en ser un canal de conexión con nuestras más profundas emociones. Luego está la intencionalidad propiamente
humana. Ahí podemos poner a jugar un rol fundamental en una dirección progresiva, transformadora, constructiva para el proceso histórico.
(1) Perfil. La economía en el Mundial 2026. 11/06/2026
Las ilustraciones fueron tomadas de Pinterest.
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