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Betelgeuse

A Helena le fascina observar el cielo con estrellas. Puede estar en cualquier lugar. En la cordillera de los Andes ha visto el cielo más límpido que jamás hubiera imaginado. La vía láctea la conmovió: una pieza única estelar trasladándose lentamente por el Universo. Y se prometió recordar esa imagen en su vida cotidiana, cuando se presentara difícil y gris.

Las vivencias relacionadas con las estrellas la marcaron. Durante el viaje de egresados del primario, en una fogata bajo el cielo nocturno de La Falda, un profesor les recomendó recordar a futuro a cada amigo o amiga muy querida de la escuela asociándola a un astro. Esa despedida de sus amistades la conmovió hasta las lágrimas por primera vez. El día que partió su abuelo, en la noche del campo bonaerense, una estrella fugaz se le presentó inmensa. En un campamento, bajo el estrellado cielo de San Rafael, dio su primer beso. Los silencios la llenaban de vergüenza, la expectativa de estar junto a esa persona que le fascinaba la hacía vibrar de nervios, entonces elevó un deseo mirando a Antares y se lanzó en la hazaña.


Hoy espera el amanecer en la playa de Costa del Este junto a su compañera Lucrecia. Se propusieron disfrutar de la aparición repentina del Sol, el "plop" en el horizonte del océano. Mientras pasan la vista por Betelgeuse y Siria, se conectan en un silencio abrazador. Cuando llegan al cinturón de Orión reconstruyen  la figura del cazador. Alrededor de una fogata que las ilumina y las templa recrean cuál habrá sido el primer ser humano que unió la línea de estrellas y vio esa figura. "Hace diez mil años era el mismo cielo que hoy vemos nosotras", coincidieron. Esa similitud tan distante en el tiempo pero tan cercana a la experiencia la conectó a Helena con sus antepasadas.


―Suelo tener ocurrencias únicas cuando miro un cielo estrellado así. Pero me las olvido ― cuenta Helena.


―Podrías anotarlas o grabarlas, así las inmortalizás ―le propone Lucrecia.


―Por ejemplo, hoy mientras estábamos en silencio bajo esta hermosura pensaba en los ciclos de la vida. En las repeticiones. Otros personajes, otras situaciones, pero se va repitiendo la trama ―agrega, elevando la vista.


―Curioso, no lo había notado. La historia se repite dos veces decía Hegel ―introduce Lucrecia queriendo entrar en debate, mientras le alcanza un mate espumoso.


―La primera como tragedia, la segunda como farsa, le añadió Marx. Mi vida es eso, voy entre la farsa y la tragedia ―dijo Helena. 


Las dos lanzaron una carcajada que llegó hasta la orilla del mar, y se oyó ir con el viento, que a esa hora empezaba a levantar más fuerza. Eran las cinco de la mañana, Helena y Lucrecia resistían entre mate y mate. Alrededor de un fuego compañero iban a recibir el amanecer.


―¿Cuál será el sentido de nuestra vida entonces, si sólo es un girar en la rueda de las repeticiones? ―reflexionó en voz alta Helena. Las envolvió el silencio marino, el viento se aquietó. Ambas miraron hacia Betelgeuse que titiló con más intensidad. 


A las 5.43 am el sol se presentó imponente. Lo disfrutaron cómo nunca antes. Aspiraron una bocanada de aire, se tomaron de la mano, agradeciendo mutuamente la posibilidad de estar juntas allí. 


/(Foto: Wikimedia - Autor: Victor Mazun)

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